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viernes, 4 de abril de 2014

Conexión con el niño interior


¿Recuerdas cuando eras un niño? (o niña, emplearé el masculino cuando hable de manera general y la niña cuando me refiera a mis vivencias) ¿Recuerdas cuando todo se solucionaba sacando pares o nones? El intercambio de cromos, dibujar cosas imposibles y hacerlas reales, jugar al rescate, saltar, correr, jugar con la tierra… ¿Qué queda en ti de ese niño que fuiste? ¿Lo recuerdas con cariño o con nostalgia? O quizás… apenas te acuerdas de él.

Cuando hice por primera vez la meditación del niño interior me pillo un poco por sorpresa, lo viví como algo neutro, tuvieron que pasar algunos años hasta que comprendí que detrás de aquella meditación había  mucho más. Tres años más tarde tuve otra experiencia (a través de la Biodanza) con mi niña interior que cambiaría mis patrones,  mis esquemas… produciría en mí una autentica catarsis y una profunda sanación. Aquello me dio las respuestas que llevaba años buscando. Sin embargo, tendría que pasar más tiempo para llegar a un entendimiento entre mi niña y yo, a un pacto entre mujeres sin condiciones y desde el amor.

La vida a veces nos para. Nos frena para que “recoloquemos” nuestras cosas, entendamos que es lo que no está como tiene que estar. Hace casi tres años cuando eso me sucedió fue la oportunidad de estudiar, encontrarme conmigo misma, despejar mi agenda y mi corazón borrando lo que sobraba, así, sin vuelta atrás, soltando lastre innecesario… y sin duda reencontrándome con la niña que fui e investigando muchos porqués.

Muchos de los miedos y bloqueos del presente vienen de un anclaje anterior, de cuando éramos niños. Cuando somos pequeños la información se recibe y se procesa de una manera diferente, en nuestro mundo de adultos la asimilación de datos sucede de una manera distinta. Si cuando somos niños recibimos un rechazo o una regañina lo podemos interpretar como una separación del TODO, los niños están conectados con la divinidad, aún no están contaminados por los esquemas, creencias, etiquetas, roles y falsos egos de los adultos. La separación del TODO implica soledad, ruptura y dolor en el corazón, ese dolor se manifestará más tarde cuando seamos adultos y lo hará de manera imprevista, cuando haya algo que nos separe del TODO se activará esa sensación, sentiremos la punzada en nuestro interior, no asociaremos los datos recibidos con la emoción desencadenada ya que la información y la emoción están separadas por una barrera infranqueable, la barrera que hemos interpuesto entre el niño y el adulto.

La separación del TODO es una ilusión, nada puede separarnos porque somos TODO, sin embargo, aparece esa sensación y cuando el sentimiento es de no pertenencia aparecen la soledad, el miedo, la desconexión… “el destierro interior”

Dentro del adulto que hoy eres hay un niño, ese niño está dormido, esperando que le despiertes; quiere para jugar, ese niño sólo desea vivir el presente, ser feliz, tomarse las cosas desde otra perspectiva… es una parte más de ti, porque eres tú. Si quitásemos capas como en una cebolla al eliminarlas llegaríamos a ese niño. Pero… ¿Qué sucede cuando nos olvidamos de su existencia? Entonces, es cuando la vida se torna agria, triste, sombría, aparecen las rigideces, la sensación de ahogo, de que no hay salida ante ciertas situaciones de la vida; aparece el dolor inexplicable en tu interior, el dolor en tu Ser y no entendemos el porque ese dolor nos oprime el corazón, no sabemos de dónde viene y  es como estar en un callejón sin salida.

 Un niño es la verdad con la cara sucia, la elegancia con los zapatos manchados de barro, la sabiduría vestida de inocencia… A un niño le puedes echar de tu habitación pero no de tu corazón. Un niño es tu maestro, tu carcelero y tu llave. Así que, ríndete ante la evidencia. Deja de luchar contra ti mismo.

 Si tienes hijos, sobrinos o trabajas con niños puedes ver el espejo que producen en ti, a través de ellos aprender, a través de ellos bañarte en su inocencia, ver lo que tú fuiste y discernir lo que queda de ello en tu Ser. Llegado a ese punto resulta interesante trabajar desde ahí entrando en tu corazón, directamente al corazón, dejando a un lado la razón y los juicios, haciendo un “desnudo integral” de tu alma ante ti mismo.

Me siento afortunada por haber llegado hasta esta pequeña meta. Me siento afortunada cuando en mis clases de meditación o en mis talleres trabajamos ese niño o niña que fuimos. Es un auténtico regalo ver el descubrimiento que supone en algunos alumnos, las sanaciones y desbloqueos emocionales que produce. Es magia… como dije en otro de mis artículos, “la magia existe...” esta es una prueba de ello.





















jueves, 13 de marzo de 2014

Habitar nuestro cuerpo y nuestro ser a través del silencio


Si te preguntaran cual es el momento más importante para ti ¿Qué responderías? “Hace unos años cuando…” o tal vez: “Dentro de un mes porque entonces…” Sin duda alguna ahora, hoy, en este preciso instante. Ahora es lo único que tenemos. Ayer pasó dejando su huella, su recuerdo, su aroma, su enseñanza… Mañana llegará, sucederá algo que tienes proyectado o quizás no, muchas de las cosas que planeamos no salen como habíamos pensado… a veces ni siquiera suceden. Ayer no va a volver, mañana o dentro de dos horas aún está por llegar.

El trabajo, las actividades cotidianas, las obligaciones del día a día, la ciudad, las prisas, las preocupaciones, la espiral que nos envuelve día a día… ¿Qué ocurre durante todas estas secuencias? ¿Dónde estás? Aquí, ahora ¿En la planificación de lo que vendrá? ¿O en lo que hiciste ayer?

John Lennon decía: “La vida es lo que sucede mientras planeamos cosas”.

Sharon M. Koenig, autora del libro “Los ciclos del alma” dice: "Tenemos más de 60.000 pensamientos al día y la mayoría son repetitivos". Lo ideal es vivir plenamente el ahora en lugar de enredarse en pensamientos reiterativos a cerca de lo que haremos en un futuro aunque sea a corto plazo.

Nuestro cuerpo funciona 24 horas al día 365 días al año y… ¿Cuándo le prestamos más atención? Cuando nos duele ¿Por qué? Porque no “Habitamos nuestro cuerpo” nos limitamos a lavarlo, vestirlo, alimentarlo… pero… ¿Habitamos realmente nuestro cuerpo? Normalmente no. Habitar es sentir… disfrutar plenamente de estar vivos, estar presente en todo lo que sucede en nuestro cuerpo, en nuestro ser, cuando el cuerpo emite una señal de dolor no queda más remedio que escucharle, entonces y sólo entonces le prestamos atención ¿No sería mejor aprender otras formas de conectar con nuestro ser y con el presente?

Hay técnicas para vivir plenamente el ahora, usarlas nos hace sentimos bien, sentirnos plenos. El yoga y la meditación son herramientas que nos llevan al momento presente a través de la observación de nuestra respiración y de nuestro cuerpo. Lo más primario que existe es la respiración, algo que tenemos automatizado a lo que no prestamos atención pero que es la clave fundamental para manejar los pensamientos, las emociones y para anclarnos bien en el “aquí-ahora”, para trabajar la presencia. Si estamos presentes estamos en el Ser, abandonamos el personaje.  Si tu respiración es consciente todo cambia. Si tu movimiento es consciente mientras trabajas la respiración el cambio experimentado es mayor.

Habitar tu cuerpo, es habitar tu ser, es entrar en el templo sagrado, donde reside el tesoro de tu ser, ese tesoro que ni siquiera sabías que existía, guardado en la más profundo de ti. Habita tu cuerpo y te verás frente a frente con una hermosa joya: tú.

El Yoga es un camino directo hacia la conexión con tu cuerpo, con tu respiración, hacía ese templo que reside dentro de ti. Mi profesora de Yoga es una auténtica “maga”, una “reina de la sabiduría”, del conocimiento (no me sorprende que su nombre espiritual sea Vidhya: conocimiento) de ese extraño arte que nos lleva a un encantamiento en el que hacemos posturas imposibles mientras meditamos y lo mejor ¡Disfrutando de ello! Para entender este concepto voy a compartir mi experiencia. En cada clase, la respiración y el movimiento me llevan justo ahí donde sólo existe el ahora, donde experimentar mi trabajo corporal mientras respiro… el tiempo se diluye… todo desaparece… durante las asanas no hay pensamientos, no hay nada, tan sólo un cuerpo que siente profundamente y respira, no hay personaje, no hay roles… Entro en un espacio interno de profundo silencio interior, es sumergirme en las tranquilas aguas de mi ser… llego a mi templo sagrado en el que hay momentos de vacío absoluto y en esta vacuidad tan sólo estoy dentro de mi escuchando su voz. Es mágico. La clase de Yoga es algo más que una clase de gimnasia en la que cuidamos nuestras articulaciones, hay mucho más, es difícil de explicar con palabras… siento que me llena de gozo, me hace sonreir, que me lleva al equilibrio y la paz deseadas.

La meditación te lleva al silencio interior a través de la respiración y así desde la quietud de tu cuerpo, llegas a la quietud del oceano de tu mente dejando que todo suceda sin más, observando, sintiendo, siendo plenamente, “aquí-ahora”, sin juicios, sin etiquetas, sin nada, sin más, vaciando tu interior, dejando que se llene de Luz, “recordando el lenguaje olvidado”, “regresando a casa”. Entendiendo que la paz, el equilibrio, la serenidad y la armonía son estados naturales del Ser, tan sólo tenemos que entrar en nuestro corazón, descansar en él y buscar ese ángulo de quietud que hemos perdido.

 Esto me lleva a recordar las palabras de Mikao Usui: “Siéntate en silencio todas las mañanas y tardes; trabaja tu corazón y haz las cosas desde ese sitio de paz que hay dentro de ti”














viernes, 28 de febrero de 2014

Hooponopono


Hooponopono es una técnica ancestral Hawaiana para “borrar memorias” que nos están bloqueando en nuestra vida y para pedir perdón, el perdón es profundamente sanador, a veces necesitamos perdonar porque si no lo hacemos el resentimiento y el rencor es el veneno que tomamos nosotros pensando que llegará al receptor. Es importante amarnos, perdonarnos por aquello que no nos gustó de nuestras propias acciones o por lo que hace que no estemos satisfechos de nosotros mismos. Perdónate, se benévolo contigo, en ocasiones nos ponemos el listón muy alto, amate por encima de todo, perdónate, nada es perfecto y a la vez es perfecto en su forma, en como sucede, porque es el aprendizaje necesario para seguir adelante en la escuela de la vida.

Hooponopono significa “corregir el error”, “acertar el paso”.


Imagina tu mente como el disco duro de un ordenador, en él hay archivos de diferentes formatos y programas para funcionar, pero… ¿Qué sucede cuando esos programas son obsoletos o venían de serie con el ordenador? Puede que algunos sean útiles, otros ya no nos hacen falta y es necesario cambiarlos por unos que estén actualizados, o simplemente están haciendo que el sistema no funcione correctamente. Hooponopono trabaja desde el inconsciente borrando estos programas.

Hace unos años un amigo y compañero de Reiki me envió por e-mail un libro sobre Hooponopono. Abrí el correo con curiosidad. No tenía  ni idea que era eso. El nombre me llamó la atención. Leí el libro, sentí que no acababa de creer lo que ponía. Dos meses más tarde volví a leer el libro. Después lo dejé “aparcado” y seguí con otras cosas. Aproximadamente un año más tarde retomé su lectura y algo dentro de mí me impulsó a practicarlo e investigar. Dicen que: “Cuando el alumno está preparado aparece el maestro” y así fue, el maestro apareció en forma de libros de Hooponopono que me iban prestando, leí, analicé, navegué por la red buscando información, seguí practicando e investigando durante dos años.

El corazón de Hooponopono es una sencilla oración que encierra en sí misma todo el amor hacia los demás a través de la humildad y el deseo de mejorar: Lo siento, perdóname, te amo, gracias.

Todas mis dudas desaparecieron, esté sencillo método funciona, vi, sentí y lloré de alegría ante los “milagros” que se produjeron en mi vida y a mi alrededor. Entonces fue cuando decidí hacer un manual de trabajo y lanzarme a la aventura de impartir talleres y la magia se multiplicó aún más en mi primer taller.

Os invito a practicar Hooponopono, os invito a dejar atrás todas las creencias limitantes que nos bloquean en la vida para caminar con libertad y respirar a pleno pulmón.

El próximo 14 de Marzo volveré a vivir la gracia de Hooponopono en el taller que impartiré en Madrid, estoy segura de que la magia y los milagros están presentes si creemos en ellos, si nunca dejamos de ser niños y sonreímos día a día a ese sol que nos alumina a todos. Si os animáis ¡Todavía quedan plazas! La información está en la pestaña cursos y talleres del blog, también podéis contactar conmigo en el e-mail que aparece en el blog o alarcongarvin@telefonica.net

Y no quisiera acabar este pequeño escrito sin recordar una frase que me decía mi abuela: “No hay cura para el amor, y sin embargo el amor todo lo cura” mi abuela era una mujer muy sabia que llevaba el amor y la sonrisa por bandera, que cocinaba en sus fogones el amor hacia los demás, dejó una profunda huella en el corazón de los que la conocimos, a ella dedico hoy este escrito y mi próximo taller, porque donde quiera que esté siempre llevaré su recuerdo conmigo.












domingo, 16 de febrero de 2014

El Observador



En el día a día estamos “programados” para hacer un sinfín de actividades y tareas que nos llevan a una espiral, a una rutina en la que cada hora o día está prevista para una determinada cosa. Esto nos lleva a estar proyectados hacia fuera, hacia lo que hay que hacer, viviendo en el exterior.

Tenemos pocos momentos para “ver” qué es lo que está sucediendo “ahí dentro”. Todo lo que ocurre a nuestro alrededor es una proyección de nuestro interior. A quien no le ha pasado levantar la persiana ver el día lluvioso, con el cielo gris y pensar “que día más triste” ¿El día es triste o la tristeza la tengo yo? Posiblemente los niños piensen que es un día divertido en el cual saltar sobre los charcos y ducharse con el chubasquero puesto con el agua que cae de los canalones de los edificios.

Cuando observamos lo que sucede a nuestro alrededor casi siempre pensamos que las cosas vienen de fuera ¿Vienen de fuera o las vemos desde fuera?

Meditar nos lleva a observar imparcialmente lo que acontece fuera y dentro, de nosotros, nos centra en el momento presente, en ese instante irrepetible y único que es cada momento de nuestra vida.

Cuando observas tu respiración entras en un espacio donde eres tú, sin roles, sin juicios, sin más, sólo tú, entendiendo tú como esa esencia perfecta y profunda más allá de lo que se aprecia desde el exterior y aquí es donde viene la magia, aquí es donde todo se da, donde todo sucede sin más, donde las etiquetas no existen… entonces puedes observar los pensamientos como si tuvieses una enorme pantalla en la cual mirarlos como miras una película.

Al verlos como algo fuera de ti, la mente descansa.

Meditar nos lleva a entender lo que no podemos ver con los ojos. Cuando los cerramos y nos anclamos a la respiración comenzamos a aceptar, a conocer parte de nosotros que era desconocida, es como meterse en una gruta con una linterna y ver que es mucho más grande de lo que pensabas.

En el estado de observador imparcial, sin juicios el tiempo se diluye porque realmente el tiempo es algo que hemos inventado para entender nuestra propia realidad. Aquí contactamos con la magia de estar en el Ser, de estar en nuestro templo, porque nuestro interior es un templo al cual siempre podemos acudir.

Muchas personas dicen que no tienen tiempo para meditar, a veces dos o tres minutos pueden cambiar la calidad de lo que estás percibiendo o pueden cambiar tu estado. Si notas que estás nervioso, algo te supera, estás cansado, agotado emocionalmente… haz la prueba: siéntate con la espalda recta, cierra los ojos y observa tu respiración, relaja tu cuerpo con cada exhalación, deja que los pensamientos pasen… después incorpórate a tu actividad, dos o tres minutos no harán que tus cosas se paralicen conseguirás relajarte y aclarar tu mente.