Despertar,
desperezarse, abrir bien los ojos, contemplar… Llegó. Envolviéndonos con su
fragancia, alumbrándonos con su luz, la reina de las flores, el as de
corazones, la diosa de los campos, la ninfa de las estrellas… Su nombre
primavera… su alojamiento: tu corazón.
Salir
del frío, del letargo del invierno, calentarse los huesos con la tibieza del
sol… Sentir que algo nuevo nace en tu interior. Cambio de energía, cambio de
etapa, transformación.
Fundirse
con los pétalos de las margaritas, las aterciopeladas amapolas, los “nevados”
cerezos… aunque sea un solo día… Descansar la mirada en las verdes praderas,
sentirse acunado por el trino de los pájaros… Observar las esponjosas nubes que
viajan por el cielo como algodones sin rumbo, sin destino, pero que bien saben
dónde van… La fina lluvia, el perfume de la tierra mojada, el mágico arco-iris…
ella todo lo llena, todo lo cambia… y se expande en ti.
Abre
los ojos y observa, cierra los ojos para ver aún más, hay cosas que escapan a
tu mirada y sólo se ven con el corazón.
Siente
la primavera como parte de ti, eso somos infinitas partes de un TODO, de un
Universo perfecto en su imperfección, creado por Dios y co-creado por ti. Deja
que el cambio llegue a ti, permítelo, acepta lo que llegue como llegue, siempre
hay algo que está por llegar. Llénate de la magia de cada estación, la magia
existe, sólo hay que buscarla. Llénate del embrujo de la primavera y te
sorprenderás. Estamos unidos a la tierra, al sol, a las estrellas, hechos de la
misma materia, aunque a veces lo olvidamos; se trata tan sólo de eso, de
recordar lo que eres y buscar tu lugar en el mundo, buscar el hueco que te hace
encajar a la perfección en el puzzle que ha diseñado el Universo.